Como no somos los más apropiados para relatar la historia del ca de bou, ni tampoco estuvimos allí, relataremos una vieja historia verídica gracias a la cual nos gustan los perros de presa.
Esta historia le ocurrió a mi abuela hace ya muchísimo tiempo:
Mi familia es de Extremadura, más concretamente, de la campiña sur. Ellos trabajaban siempre en el campo y, aunque tuvieran una casa en el pueblo, pasaban la mayor parte de su vida en el campo haciendo carbón o criando melones en los melonares. Allí tenian bastantes animales: burros, gallinas... y, como no, perros. La mayoría de ellos eran galgos para asegurarse comer conejos y liebres. Tenian también una pareja de perros a la que ellos llamaban "regalgos". Eran unos perros extraordinariamente fuertes y, según cuenta mi abuela, eran muy similares a los actuales perros de presa. Los utilizaban para caza mayor (cabras, venados...)
Un día mandaron a mi abuela a recoger unos enseres a la casa del pueblo. Ella era una adolescente que, en aquellos tiempos, era considerada como adulta. Así que, mientras recogía sus pertenecias para pasar una larga temporada fuera de casa, apareció una amiga suya y estuvieron hablando largo rato... tanto que, ninguna de las dos se dieron cuenta que se les iba echando la tarde encima.
Al darse cuenta de lo tarde que era, partió rapidamente a su destino: unas chozas que estaban a unos 8 kilómentros de distancia. Cuando llevaba tan solo 3 kilómetros, empezó a oscurecer y, aceleró el paso. No tenía miedo ya que conocía el camino como la palma de su mano.
Sólo le quedaban un par de kilómetros cuando, de repente, se le puso la piel de gallina. Se extrañó muchísimo pero siguió su camino sin mas... cuando escuchó un ruido trás de ella y decidió aligerar aún más su paso. Al instante, la pareja de regalgos empezaron a ladrar corriendo camino abajo. Ella siguió andando sin sospechar lo que le esperaba cuando, justo a su lado, vió a un par de lobos. Echó a correr pero los lobos fueron mas rápidos que ella y, en un abrir y cerrar de ojos, se le tiraron encima haciéndole rodar por el suelo y dejándole multiples magulladuras por todo su cuerpo. Justo entonces, cuando ya no le quedaban ni fuerzas para gritar, los regalgos se abalanzaron sobre los lobos, salvándole la vida a mi abuela.
Ella corrió como nunca antes lo había hecho hasta que llegó al lugar donde se encontraban sus padres. Al llegar, les contó lo que le había sucedido y decidieron que bajarían a ver lo que había pasado con las primeras luces del alba.
Cuando a la mañana siguiente bajaron, se encontraron a los tres lobos y a la pareja de regalgos muertos. Por eso, siempre y cuando este en nuestras manos, intentaremos que nuestros perros tengan el valor y el coraje de aquellos perros.
Oscar De la Cruz

